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sábado, 27 de octubre de 2012

Escorpiones, Anzuelos y Futuros interrogantes.


Escorpiones, anzuelos y futuros interrogantes.
 http://www.baskies.com.ar/PHOTOS/ANTARES%20REGION%20LRGB.jpg
Región vecina a la estrella Antares, en scorpio. Gentileza de Baskies, de Sergio Eguivars.

Durante el año hemos hablado de diversas estrellas conforme avanzaba la noche sobre nosotros. Hace poco dije que Escorpio se alzaba por el este y hoy puedes verlo caer sobre el oeste; es majestuoso el modo en que sus pinzas -tres estrellas en abanico, debajo de una roja- se hunden primero; luego baja la cola, con sus brillantes estrellas azules, llamadas Shaula y Lesath.
La figura del escorpión es inconfundible: la estrella roja, llamada Antares porque rivaliza con Marte, es su corazón; luego le siguen tres estrellas que forman el cuerpo, largo, apenas curvado – son estas estrellas azules, muy jóvenes y llenas de energía- por último, la hoz de la cola, una curva cerrada con las dos estrellas que dije y que dan una imagen o idea de púa.
El Escorpión es una constelación nacida en los pueblos de la media luna fértil, en el Asia menor. Allí proliferan estos bichos y es natural que los antiguos vieran su figura en el cielo. Lo curioso es que los niños, en nuestras escuelas, quienes no saben estas historias, solo vean un signo de interrogación, allá arriba. Tal vez sea lógico que lo hagan pues un escorpión con su cola erguida se parece a un interrogante. Lo triste es que mientras aquellos asiáticos y griegos colocaban en el cielo al mundo animal que los rodeaba, nuestros niños vean símbolos abstractos de la escritura, inventos alejados de la realidad.

Veamos otro ejemplo:
En Nueva Zelanda, los maoríes, ese bello pueblo que por ahí es hijo de los mismos viajeros que llegaron a América a través del océano Pacífico, hace 10.000 años, ven las mismas estrellas que nosotros, pues son culturas del sur. Esos hombres y mujeres que pintan sus rostros y que en el Rugby son imbatibles, se dice hijo de un héroe maorí quién, en la antigüedad, pescó a la isla de Nueva Zelanda y la alzó desde el fondo de los mares para que todos sus hijos tuvieran dónde vivir. El primer maorí, el primer hombre de aquellas latitudes, pescó para todos a su tierra del mar.
Pero, ¿Con qué lo hizo? ¿Con qué anzuelo logró semejante hazaña?
Pues claro, con un anzuelo gigante que hasta el día de hoy ellos ven en el cielo, el anzuelo magnífico que los griegos creyeron Escorpio y que mis chicos ven como interrogante.
Hermosa, muy bella historia que los une a su medio ambiente, que los hace uno con la tierra y el mar que los rodea.

 A un conocedor del cielo, sin embargo, esa leyenda le dice algo más, algo concreto: le dice la época del año en que aquellos antepasados maoríes, navegando su proceloso espacio, dieron con Nueva Zelanda. Ellos, los primeros, sin duda llegaron a esas islas cuando el escorpión ascendía del este. En la foto superior puede verse que tal constelación simula un anzuelo, el cual iza del mar su presa o su regalo: la tierra prometida.

Estas historias escondidas en los astros, escondidas en las luces del cielo, lejos de hablarnos del infinito, nos hablan de nosotros mismos, de nuestros antepasados, de nuestras vidas anteriores, es decir, las de nuestros antepasados.
Las historias, los cuentos, las leyendas, son lo único verdadero, lo que nos une a nuestras raíces.
Hay una frase conocida: “quién ignora su pasado está condenado a repetirlo”.
La astronomía, al narrar las historias del ayer, le da a cada pueblo un futuro nuevo para construir. 

Sergio Galarza

viernes, 17 de agosto de 2012

La leyenda del Choike

http://www.davidmalin.com/fujii/image/af1-02_72.jpg

Muchos conocemos la Cruz del sur, bella constelación de nuestros cielos que para nosotros es visible todo el año. Mírala estas noches de agosto y setiembre, ya recostándose sobre el oeste. Siempre mirando al polo; parece un barrilete, además.
La Cruz o Crux está formada por cuatro o cinco estrellas, según la polución lumínica de tu cielo. Tres de ellas son de buen brillo. Desde Chabás se distinguen sus cuatro luces principales: Alfa, Beta, Gamma y Delta crux.
La primera es un sol triple aunque lo veas como uno. Con telescopios medianos ya puedes resolverla en dos puntos diminutos. La segunda es una gigante azul y muy cerquita esconde a una de las joyas del cielo: una estrella de carbón, un diamante encendido, roja, rojísima, llamada Lágrima de sangre. Gamma crucis es una gigante roja, asimismo.
Si observas desde el campo podrás ver, además de la débil delta crux, la quinta estrella llamada Epsilon, y una mancha oscura entre Alfa y Beta crucis, inmenso vacío de soles, conocido como el Saco de carbón. Curioso objeto celeste, esta nebulosa oscura está formada por gases espesos que absorben la luz de los astros que guarda dentro y detrás de ella.
La cruz del sur es junto a Escorpio la constelación que más se parece al objeto que nombra. En la antigüedad, los pueblos de la Patagonia le llamaban La Huella del Choike.
Un choike es un ñandú pequeño, de plumas pardas, que al pisar deja cuatro puntos sobre el piso, las  marcas de sus uñitas.
La cruz o la Huella del choike es una constelación muy importante, pues sirve para dar con el polo sur celeste. El palo mayor lo señala, a unos dos puños de la estrella más notoria, Alfa.
He aquí una de las tantas curiosidades que nos regala la astronomía: El polo sur está arriba nuestro, en el cielo, y no debajo, como usual se muestra en los mapas y globos terráqueos que vemos en los colegios. El hecho de que se enseñen los polos invertidos responde al dominio intelectual a que los países del norte nos someten. Si quieres ser un poco más libre recuerda esto: el polo sur está arriba, lo señala la Cruz o la Huella del Choike. Es el polo norte el que está abajo, mirando desde Chabás.
Los viajeros españoles y portugueses, quienes arribaron en el siglo XVI al Río de la Plata, fueron quienes llamaron Cruz a nuestra constelación. Te cuento la leyenda americana:

Había en la tribu un cazador joven y capaz que se jactaba demasiado de serlo. Los abuelos le decían: “Muchacho, ten modestia, no todo animal puede ser cazado”. Pero el joven hacía oídos sordos.
Una mañana, el muchacho se hallaba en el campo; allí vio el choike más bello y más grande que hombre alguno viera jamás. De inmediato comenzó a perseguirlo para arrojarle sus boleadoras, que entonces eran dos piedras unidas por un tiento de cuero. “¡Ya verás, no escaparás a mi tiro!”, pensaba.
El choike era inmenso porque en realidad se trataba del Dios de los Choikes, el padre o la madre de todos ellos. Huía sin esforzarse, esperando que el joven se hartara de tanta carrera. Pero nuestro personaje no aflojaba. Más corría el Dios, más corría el cazador.
Llegada la tarde, cuando el cielo oscurecía y las primeras estrellas comenzaban a brillar, el cazador sintió que sus fuerzas lo abandonaban. En un último intento arrojó sus boleadoras con fuerza.
Por poco logra enredar al ave, pero el Dios Choike pisó en el cielo y voló a las estrellas, donde escapó para siempre.
El joven quedó burlado y sorprendido, mirando la huella que el Choike dejara en el cielo, esos cuatro puntos de luz: La huella del Choike.
Para enseñanza de los jóvenes, las boleadoras del cazador quedaron clavadas en el firmamento, como símbolo de la soberbia humana. Son las dos estrellas muy brillantes que ves en la noche apuntando hacia la cruz. Ahora se les llama El Puntero y sus estrellas, según brillo: Rigil kentauro y Hadar kentauro.
Así es la astronomía, un camino lleno de ciencia y belleza, y también de andares antiguos reflejados en leyendas como esta.

para los amigos de voces del sur
Con admiración y cariño

Sergio