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viernes, 16 de mayo de 2014

El Mensajero de los Dioses

Mercurio, el Mensajero de los Dioses


Mercurio es el planeta más cercano al sol y el penúltimo de los visibles a simple vista en nuestra serie para El Observador. Nos quedan en el tintero la casa que habitamos –la Tierra- y los gigantes gaseosos Urano y Neptuno, visibles con telescopios de aficionado. Hablaremos de ellos en próximas notas.


Mercurio -el mensajero, el escanciador, el que da de beber ambrosía a los Dioses- gira en torno al sol en la menor órbita del sistema (Ambrosía es un elixir que da inmortalidad y alimenta a los Dioses en la pintoresca mitología europea).

La fuerza de gravedad entre dos cuerpos es tanto mayor cuanto menor distancia los separe. Esta relación es la que imprime las velocidades con que corremos por las órbitas espaciales. La Tierra, a 150 millones de kilómetros de sol, viaja por el vacío a 30 kilómetros por segundo; Venus, sito más cerca, a 35 km/s; Mercurio, el más próximo, vuela a casi 48 km/s. Así, este planeta poco más grande que la Luna tiene el menor año del sistema, la mayor velocidad orbital, y la órbita más elíptica (con mayor excentricidad). Recordemos que las órbitas de los astros no son circulares sino círculos achatados llamados elipses y que la excentricidad define que tan achatada está una elipse.

Este planeta tiene un núcleo metálico fundido -como el nuestro- que genera un importante campo magnético. Mercurio es el planeta más denso del sistema después de la Tierra. Denso quiere decir que su relación peso/volumen es alta. Este es un concepto curioso, muchas veces incomprendido durante el colegio. El peso de un cuerpo NO depende de él mismo –a tranquilizarse, la balanza no nos acusa, no habla de nosotros- sino de la relación entre nuestra masa y la masa del planeta que pisamos. En cambio, la densidad sí es algo nuestro, nos pertenece. Un hombre musculoso puede ser mucho más denso que un hombre obeso, aunque el obeso pese más que el musculoso. Lo mismo sucede al comparar una esfera de telgopor con una pequeña bala esférica. Pueden o no tener las mismas dimensiones o pesos, se intuye que el acero es muy nutrido, es muchísimo más denso que el telgopor.
Mercurio es muy denso. Esto indica que posee un alto grado de metales y silicatos. Como siempre, la explicación yace en las colisiones planetarias. Sin duda, este planeta ha sufrido tremendos choques, los cuales han despojado al viajero de sus capas externas, menos densas. Así, el núcleo (metálico) predomina con respecto a la corteza y manto (silicatos).

Mercurio es visible solo cuando su órbita lo sitúa en una posición apartada del sol -desde nuestra perspectiva- llamada elongación; por las mañanas brilla antes del Sol y por la tarde apenas después del ocaso. Esto hace que, al igual que Venus, Mercurio fuera llamado estrella de la mañana y estrella de la tarde por los pueblos menos cautos en cuestiones astrales. En los atardeceres de fines de mayo habrá sido visible en el oeste de Chabás, muy bajo sobre el horizonte y apenas después de que el sol se hubiese puesto; luego, será visible en especial durante los amaneceres a mediados de Julio, si echas ojos sobre le horizonte opuesto, hacia el este, hacia donde yo escribo estas notas, sorbiendo mínimas gotas de mi ambrosía, la alegría de vivir rodeado de los que quiero.



Sergio



jueves, 26 de septiembre de 2013

Voyage, Voyage


Voyage, Voyage
Hace un millón y medio de años los hombres dominamos el fuego y nos apoderamos del mundo; en 1402 una flota China circunnavegó la Tierra, pisó los cinco continentes y trazó los mapas que siguió Colón en 1492; en 1961 Yuri Gagarin ascendió a la estratosfera en un cohete Vostok y demostró que el hombre podía sobrevivir en el espacio; en 1969 pisamos la Luna y en 2013 abrimos la puerta para salir al espacio interestelar por medio de la nave Voyager 1.
La misión Voyager consiste en dos naves gemelas de exploración. Lanzadas en el año 1977, su cometido ha sido modificado cada vez que superaron una etapa. El proyecto preveía cinco años de investigación pero las sondas cuentan treinta y seis en el envío de sus datos.

Las Voyager son prismas decagonales, pesan menos que un auto mediano y caben en una pieza de barrio. Su aspecto es el de un insecto con un ala redonda y dos antenas finas. Están a 19 mil millones de kilómetros de casa. Su débil voz de radio, que viaja a la velocidad de la luz, tarda 17 horas en llegar. En la actualidad son controladas desde la Tierra por solo diez personas.
¿Qué significa 17 horas de viaje a la velocidad de la luz? Nada que podamos comprender, por desgracia, pero es la distancia a la que influye nuestra estrella. El sol sopla partículas de energía; estas forma un escudo o cáscara de huevo que nos protege de la agresión foránea, los Rayos Cósmicos, los más potentes jamás descubiertos.

La Voyager 1 acaba de ingresar a ese medio ajeno. Sabemos dónde está porque sus detectores perciben el cambio de energías a su alrededor. Han dejado de sentir el viento solar y ya tiritan por el frío exterior (es metáfora).
Cada una lleva tres generadores nucleares, les proveen menos vatios que los que consume una computadora personal. Están provistas de una antena parabólica, dos rectas y un número de instrumentos que son nuestros sentidos: cámaras, sensores infrarrojos y ultravioletas, sensores magnéticos, sensores de plasma y rayos cósmicos. Estos equipos, diseñados en los ´70, son la vara de medir de un Dios muy torpe: Nosotros.

Uno de los directores de la misión fue Carl Sagan, persona inigualable, gran astrónomo repudiado en los EEUU por manifestarse en contra de su gobierno. Carl soñaba con hacer contacto con alguna inteligencia y fue parte fundamental de este proyecto asombroso: Salir al espacio, enviar un mensaje a las estrellas.

Portan las Voyager sendos discos de oro con información criptada: Música, voces, saludos y cantos de ballena, átomos y pulsares escritos allí. Son el mensaje esperanzado que una civilización de náufragos arrojó al mar para ser rescatados de su soledad existencial.
Las Voyager dicen: ¡Ey, aquí estamos!

jueves, 27 de junio de 2013

La Super Luna

La Super Luna
El pasado 23 de junio, la Luna impactó a los que escucharon noticias astronómicas sobre ella. Estas decían:
Atención, hoy podrá verse la SuperLuna,
¡Gratis!
Gran espectáculo en el cielo
Apto para todo público
En efecto, el domingo pudo verse una Luna imponente en el cielo. Estaba en su fase llena por lo que reflejó luz solar con gran estrépito sobre el horizonte. La miré desde una vereda de Mendoza, con unos sobrinos, sus vecinos y otros paseantes desprevenidos. Todos disfrutamos del fenómeno, exclamamos con alegría y charlamos sobre los accidentes y diversas tonalidades de su cara.
Luna es el astro más amable del cielo después del sol, quien nos da la vida. En próxima nota hablaré del modo en que lo hace, tema apasionante, asimismo. Pero volvamos a la SuperLuna.
Superluna implica que algo especial sucede, no siempre tenemos una. De hecho, este término no existe en astronomía. En ciencia se le dice Luna del perigeo. Perigeo quiere decir cerca de la Tierra, el punto más cercano de la órbita lunar a la Tierra. En contraposición, existe el apogeo, el punto más lejano de la órbita a la Tierra.
Así, la Luna llena puede verse en su punto más cercano a la Tierra, el perigeo, y en otras ocasiones puede verse en el punto más lejano a la Tierra, el apogeo.
         En la figura de abajo puede verse un ejemplo de lo que sucede en el cielo: si la Tierra es el punto interno, Luna puede ocupar, ora el punto más cercano, ora el punto más lejano de su órbita celeste.
         Esto, que la órbita o camino que la Luna recorre en el cielo no sea un círculo sino una elipse es lo que causa que algunas noches pueda verse a la Luna más cerca que otras, en que se halle situada más lejos. Por supuesto, si el astro está más cerca se verá más grande, más luminoso ¡más super!
Por el contrario, cuando la Luna transite el punto lejano de la elipse, el apogeo, habrá una noche en que la Luna se verá más pequeña que nunca.
¿Será entonces una miniLuna, una microLuna, una infraLuna? 

¿Por qué dije al principio que disfrutaron de una superLuna aquellos que escucharon las noticias previas? Pues, porque la diferencia de una mini Luna a una Super Luna no es apreciable a ojo desnudo, a simple vista.
La diferencia se confirma con instrumentos de medida o con cámaras fotográficas. Si tomo una foto de la super Luna y la comparo con una foto de la mini Luna entonces me doy cuenta de la diferencia. Pero a ojo limpio no es apreciable y uno la disfruta tan solo por bella, querida y luminosa. 

Los antiguos pudieron medir el tamaño aparente de las diversas Lunas llenas y supieron hace milenios que ella no se movía sobre una órbita circular, sino elíptica. Es notable lo mucho que supo el hombre con mínimas herramientas.

¿Quieres medir el tamaño de la Luna? Es muy sencillo: toma un clip y átalo con cinta scotch a una varilla o regla; apunta a los bordes de la luna llena, que quede ella dentro del clip. Cuando lo hayas logrado, mide la distancia a que el clip ha quedado de tu ojo. El tamaño de la Luna surge de la siguiente igualdad: Ө/ d = x/ D, es decir, el diámetro de la Luna será igual a el diámetro del clip, multiplicado por la distancia Tierra Luna, dividido por la distancia del clip al ojo*.

*¡Ojo, ojo con las unidades!
En la figura: 1 apogeo, 2 perigeo, 3 foco ocupado por Tierra.

domingo, 7 de abril de 2013

Hágalo usted mismo: Reloj de sol.


Hágalo usted mismo: Reloj de sol.

Los hombres antiguos comprendían el cielo de un modo que a la mayoría de nosotros sorprende. En la actualidad, con el recurso internet, los libros y la sabiduría de nuestros maestros y abuelos, no imaginamos cuánto conocimiento tuvo que ser desarrollado o, más bien, inventado.
Piensen en esto: con el dominio de la agricultura y el sedentarismo, se hizo imperativo calcular con anticipación la llegada de las estaciones. Fue razón de vida o muerte para las antiguas sociedades saber cuando llegaría el invierno, cuándo el verano. Es decir, fue necesario desarrollar un calendario, un sistema que midiera el tiempo o lo que ello fuera, lo que hacía variar las temperaturas ambientes en forma repetida o cíclica.
Medir el año (el año es la palabra con la que nombramos un ciclo de la repetición de las estaciones), saber en forma precoz la llegada del verano, el otoño, el frío y el nuevo abrir (abril) de las flores, puede calcularse tan solo con una sombra.
El sol es una lámpara que nos alumbra desde una posición estable (para el hombre). Es decir, los rayos salen de él y llegan a la Tierra sobre un mismo plano o dirección. Más, como nuestro planeta gira sobre sí mismo y también alrededor del astro, y como gira sobre un eje que está inclinado con respecto a ese movimiento*, los rayos de luz nos golpean cada día desde una dirección o ángulo distinto.
La inclinación del eje no es mucha, la luz incide perpendicular a la superficie o piso en una franja cuyos bordes llamamos trópicos. Nunca más allá. Es falso decir que durante el mediodía los objetos no dan sombra. Ni siquiera esto sucede sobre el ecuador siempre.



Sigamos: en cierta época, el sol se ve alto y sus rayos de luz inciden directo sobre el hemisferio sur: luego, calientan mucho y a esto le llamamos verano. Seis meses después, cuando la Tierra ha recorrido la mitad de la órbita y está inclinada para el otro lado -con respecto al sol- los rayos pegan sobre el hemisferio sur en un ángulo pronunciado. Luego, calientan muy poco y le llamamos invierno.

A trabajar:
Clava un palo en el patio, que quede derecho, perpendicular al piso. 
Lo único que debes hacer ahora es… ¡observar las sombras que proyecta tu reloj de sol. 
Cada día, estas se irán acortando por las mañanas hasta dar el mediodía, momento en que ellas comenzarán a crecer hacia el lado opuesto del palo, en lo que llamamos tarde.
Esto lo sabemos, lo que debes observar y registrar con una marca o piedra es el largo de esas sombras del mediodía (la sombra más corta de cada día indica el mediodía, el momento en que las horas de sol se dividen en dos).
Verás con asombro que en cada jornada la sombra del mediodía ha cambiado su largo (nunca -casi- dos sombras consecutivas del mediodía son iguales). 
Sombras consecutivas se habrán alargado si estamos yendo del verano hacia el invierno (como sucede en abril, en el sur); y se habrán acortado si estamos yendo con nuestro planeta del invierno al verano (sobre el 20/21 de junio).
El día de la sombra del mediodía más larga** será el solsticio de invierno y el día de la sombra más corta será el solsticio de verano.
Ya tienes tu reloj. Aún no marca las horas pero te serviría si el mundo se acabara y quisieras recomenzar la aventura. Sabrías cuando preparar la siembra y cuando cosechar. En la próxima nota te enseñaré a leer las horas del día.

* el camino que la tierra describe en el cielo, que puede percibirse por apariencia como el tránsito del sol sobre el horizonte, es llamado eclíptica (eclíptica: trayectoria aparente del sol, llamada así pues sobre ella es donde vemos los eclipses)
**sombra mas corta del día= línea meridiana o medio día. Indica siempre y en cualquier lugar ambos polos geográficos: el Norte (base del palo) y Sur (extremo de la sombra). Los polos geográficos nada tienen que ver con los polos magnéticos.

jueves, 7 de marzo de 2013


Astronomía

EL COMETA QUE TRAJO MI NIETO 
EL OBSERVADOR DEL CIELO


En diciembre pasado publicamos lo siguiente: “Pronto volverá a pasar un cometa por los cielos de Chabás. Lo hará en marzo de 2013. Esta piedra de hielo y polvo viene en camino pues alumbrará la llegada de mi nieto”.
Ambos están hoy con nosotros, muy saludables y bellos. Mi nieto se llama Leónidas y es un gigante luminoso. El cometa, por su parte, brilla sobre su cielo en camino al hemisferio boreal.
El Panstarrs (tal es su nombre) ha sido visible en estas cálidas tardes sobre el horizonte oeste. Sin dilación se dirige a su perihelio, el punto más cercano de su órbita al foco donde yace el sol. Luego de pasar muy cerquita de su estrella, se alejará impasible hacia su muy lejano afelio para retornar dentro de miles de años, tantos que ya no estaremos para verle, no sólo nosotros sino cualquier ser humano.
A estos abismos del alma nos arroja la astronomía, saber que hay eventos en el sistema solar que sólo veremos una vez, y ya nunca. Por eso esta ciencia se parece tanto a la vida: ¿veremos de nuevo al ser querido que ha quedado atrás? Ya nunca.
Recuerdo que mi hija Sabrina tenía 7 u 8 años cuando preguntó por la vida del sol; dije “el sol morirá dentro de tantos millones de años”. Ella abrió los ojos muy grandes, para decir “Y ustedes, ¿se van a morir?”, aludía a su madre y a mí. “Sí”, afirmé. Ella nubló sus ojitos y se puso a llorar sin consuelo. Por eso, hoy omito decir semejantes verdades si hablo de con los niños.
El hecho es que esta belleza que viaja sin tocar el suelo (hablo del cometa) adorna su cabellera con una doble cola de polvo, gases e iones. Las colas se forman al sublimarse sus hielos por efecto de la temperatura y el viento solar; es decir, lo que forma al cometa pasa del estado sólido al estado gaseoso sin mediar el estado líquido*.
Hay cometas que desarrollan una tercera cola, en contra de su avance, la cual los frena en su carrera. Aunque resulte increíble, el cometa que fue la estrella de Belén tal vez se frenara un poco al ver el nacimiento de Jesús. El cometa de hoy, el Panstarrs, por importante que sea mi nieto, no da la impresión de que fuera a detenerse, no tiene ese tercer chorro de gas. Él se lo pierde.
Mas esto no ha sido todo en nuestro mundo. Hace apenas un mes, los Urales se vieron sorprendidos por la caída de un meteoro que al estallar rompió ventanas y puertas en una ciudad entera. Las imágenes han dado la vuelta al mundo y en mi blog puedes leer una nota sobre el tema (http://sagitarioblues.blogspot.com.ar).
El meteoro cayó sobre esa región rusa el día previo a que un asteroide pasara rozando la Tierra, aunque entre ellos no hubo relación física alguna. Sucede que miles de rocas caen cada día del cielo; casi siempre se queman en las altas capas de atmósfera, sin más noticias que el consabido “¡Mirá, se cayó una estrella!”, hasta que uno dura lo suficiente para generar el pánico y las heridas que este, el de los Urales, tuvo a mal traer.
Para el equipo de los cometas, mientras tanto, más de una docena llegan cada año a los barrios suburbanos del sol. Si sobreviven a las mareas gravitacionales del astro, pegan la vuelta para retornar al frío y lo oscuro de la región que les vio nacer, junto con todo el sistema solar, conocida como Nube de Oort.

*¿Cómo puedes ver lo que sucede con el núcleo de un cometa en casa? Con dos trozos de hielo, uno común (H2O) y otro de hielo seco (CO2), lo usan los heladeros dentro de sus conservadoras portátiles. El hielo seco es de similar aspecto al hielo de casa, pero mientras este se derrite en un charco de agua, el otro, el CO2, sólo deja escapar su vapor sin derretirse, es decir, sublima.

sábado, 27 de octubre de 2012

Escorpiones, Anzuelos y Futuros interrogantes.


Escorpiones, anzuelos y futuros interrogantes.
 http://www.baskies.com.ar/PHOTOS/ANTARES%20REGION%20LRGB.jpg
Región vecina a la estrella Antares, en scorpio. Gentileza de Baskies, de Sergio Eguivars.

Durante el año hemos hablado de diversas estrellas conforme avanzaba la noche sobre nosotros. Hace poco dije que Escorpio se alzaba por el este y hoy puedes verlo caer sobre el oeste; es majestuoso el modo en que sus pinzas -tres estrellas en abanico, debajo de una roja- se hunden primero; luego baja la cola, con sus brillantes estrellas azules, llamadas Shaula y Lesath.
La figura del escorpión es inconfundible: la estrella roja, llamada Antares porque rivaliza con Marte, es su corazón; luego le siguen tres estrellas que forman el cuerpo, largo, apenas curvado – son estas estrellas azules, muy jóvenes y llenas de energía- por último, la hoz de la cola, una curva cerrada con las dos estrellas que dije y que dan una imagen o idea de púa.
El Escorpión es una constelación nacida en los pueblos de la media luna fértil, en el Asia menor. Allí proliferan estos bichos y es natural que los antiguos vieran su figura en el cielo. Lo curioso es que los niños, en nuestras escuelas, quienes no saben estas historias, solo vean un signo de interrogación, allá arriba. Tal vez sea lógico que lo hagan pues un escorpión con su cola erguida se parece a un interrogante. Lo triste es que mientras aquellos asiáticos y griegos colocaban en el cielo al mundo animal que los rodeaba, nuestros niños vean símbolos abstractos de la escritura, inventos alejados de la realidad.

Veamos otro ejemplo:
En Nueva Zelanda, los maoríes, ese bello pueblo que por ahí es hijo de los mismos viajeros que llegaron a América a través del océano Pacífico, hace 10.000 años, ven las mismas estrellas que nosotros, pues son culturas del sur. Esos hombres y mujeres que pintan sus rostros y que en el Rugby son imbatibles, se dice hijo de un héroe maorí quién, en la antigüedad, pescó a la isla de Nueva Zelanda y la alzó desde el fondo de los mares para que todos sus hijos tuvieran dónde vivir. El primer maorí, el primer hombre de aquellas latitudes, pescó para todos a su tierra del mar.
Pero, ¿Con qué lo hizo? ¿Con qué anzuelo logró semejante hazaña?
Pues claro, con un anzuelo gigante que hasta el día de hoy ellos ven en el cielo, el anzuelo magnífico que los griegos creyeron Escorpio y que mis chicos ven como interrogante.
Hermosa, muy bella historia que los une a su medio ambiente, que los hace uno con la tierra y el mar que los rodea.

 A un conocedor del cielo, sin embargo, esa leyenda le dice algo más, algo concreto: le dice la época del año en que aquellos antepasados maoríes, navegando su proceloso espacio, dieron con Nueva Zelanda. Ellos, los primeros, sin duda llegaron a esas islas cuando el escorpión ascendía del este. En la foto superior puede verse que tal constelación simula un anzuelo, el cual iza del mar su presa o su regalo: la tierra prometida.

Estas historias escondidas en los astros, escondidas en las luces del cielo, lejos de hablarnos del infinito, nos hablan de nosotros mismos, de nuestros antepasados, de nuestras vidas anteriores, es decir, las de nuestros antepasados.
Las historias, los cuentos, las leyendas, son lo único verdadero, lo que nos une a nuestras raíces.
Hay una frase conocida: “quién ignora su pasado está condenado a repetirlo”.
La astronomía, al narrar las historias del ayer, le da a cada pueblo un futuro nuevo para construir. 

Sergio Galarza

lunes, 17 de septiembre de 2012

Coplas de la luna llena


Coplas de la luna llena

*Canción, de Jorge Fandermole.
Los enamorados cantan su amor bajo la luna y los hombres lobo sienten el llamado de lo salvaje cuando está llena; las banderas de muchos países la incluyen en su paño y los poetas de todas las épocas le han escrito sus mejores versos.

En la antigüedad los hombres contaban lunas para saber cuando nacerían los niños. De allí que uno de sus nombres sea Artemisa, diosa de lo femenino. Hoy se le dice Selene y por ello Cyrano de Bergerac, tras su famoso viaje, nos hablo de los selenitas.

Ella nos acompaña desde siempre… siempre que la observemos con los ojos de la gente, porque si buscamos en su ayer con los ojos de la ciencia, la verdad es otra.

Hubo un tiempo en que no tuvimos el gusto de su compañía.
La Luna es hija de una de las tantas carambolas que se dan en un sistema planetario como el nuestro. Hace 4.500 millones de años, mucho antes de que hubiese algas sobre la tierra, un planeta algo más chico se nos vino encima. El golpe ha de haber sido prodigioso: luces y polvo arrojados al espacio en fuegos de artificio inolvidables. Un bello espectáculo para observar a ojo desnudo, desde Marte, por ejemplo.

Semejante impacto fue causa de sorpresas tales como el campo magnético, la inclinación del eje de giro y, la mas notoria, que el polvo y los escombros arrojados al cielo quedara dando vueltas a nuestro alrededor; años y años allí, pálido cinturón de cenizas, hasta que, aglutinándose, pegoteándose cual harina húmeda, miles de años después, borrosa y lenta, consolidó en lo que hoy vemos, esa carita sucia, toda granos y manchas que llamamos Luna.

En el siglo XVII, fue observada por hombres y mujeres con telescopios. Uno de tantos, Galileo Galilei, tuvo la mala dicha de publicar sus observaciones en un libro que cambió el curso de la ciencia. Dije mala, porque sufrió grandes castigos al derrumbar los absurdos que entonces enseñaba la ciencia; entre ellos, que la materia supralunar era perfecta e incorruptible. Ante esto, Galileo, quien no era algo gruñón, dijo: ¡Puras macanas, la Luna está hecha pomada!

Los pensadores de la época se negaban a observar por el telescopio, decían que era truco lo que allí verían; mientras, el libro escrito por el florentino se vendía a montones.
El mensajero de las estrellas, tal su título, está lleno de dibujos que describen su superficie en detalle: los mares (de lava seca, no de agua), las montañas, los cráteres, los cañones. Galileo dibujaba muy bien, era un científico moderno, esto es, solo creía en lo que podía comprobar mediante experimentos. Con uno de ellos midió la altura de las montañas lunares ¡vaya proeza!

Observar la luna es un gusto, en cualquiera de las fases en que se encuentre, es decir, en cualquiera de los ángulos en que nos muestre su carita iluminada, que de eso se trata.
Sus fases cambian día a día o noche a noche, como más te guste. De hecho, muy pocos la reconocen como astro de observación diurna. Cuando se acuesta cerca del sol, así como cuando amanece con él, es fácil verla inclinar su cara iluminada, siempre mirándolo, como enamorada. 
Cuando muestra su cara llena, por el contrario, verás que siempre está muy lejos del sol, que espera a que este se oculte para mostrarse ella, cual si estuviese ofendida. Y cuando no la vemos, cuando tenemos Luna nueva, en realidad está justo en línea al sol, nos muestra su noche, su cara oscura hacia nosotros. Por eso cuando hay Luna nueva es el único momento en que pueden darse eclipses de sol, y cuando hay Luna llena es cuando se dan los eclipses de luna. Son los únicos momentos en que los tres astros, el sol, la tierra y la Luna, forman una línea recta en el cielo, pueden taparse unos a otros jugando a las escondidas.


Detrás de este baile de máscaras se halla la más pura geometría, ya dije que los hombres la aprendimos del cielo. Puede medirse con ellas la hora. Mis alumnos de sexto y quinto grado han realizado relojes de Luna. Si ves a uno de ellos por las calles de Chabás, dile:
Ey, niño, mira la Luna y dime ¿qué hora es?
Te responderán con acierto.

viernes, 17 de agosto de 2012

La leyenda del Choike

http://www.davidmalin.com/fujii/image/af1-02_72.jpg

Muchos conocemos la Cruz del sur, bella constelación de nuestros cielos que para nosotros es visible todo el año. Mírala estas noches de agosto y setiembre, ya recostándose sobre el oeste. Siempre mirando al polo; parece un barrilete, además.
La Cruz o Crux está formada por cuatro o cinco estrellas, según la polución lumínica de tu cielo. Tres de ellas son de buen brillo. Desde Chabás se distinguen sus cuatro luces principales: Alfa, Beta, Gamma y Delta crux.
La primera es un sol triple aunque lo veas como uno. Con telescopios medianos ya puedes resolverla en dos puntos diminutos. La segunda es una gigante azul y muy cerquita esconde a una de las joyas del cielo: una estrella de carbón, un diamante encendido, roja, rojísima, llamada Lágrima de sangre. Gamma crucis es una gigante roja, asimismo.
Si observas desde el campo podrás ver, además de la débil delta crux, la quinta estrella llamada Epsilon, y una mancha oscura entre Alfa y Beta crucis, inmenso vacío de soles, conocido como el Saco de carbón. Curioso objeto celeste, esta nebulosa oscura está formada por gases espesos que absorben la luz de los astros que guarda dentro y detrás de ella.
La cruz del sur es junto a Escorpio la constelación que más se parece al objeto que nombra. En la antigüedad, los pueblos de la Patagonia le llamaban La Huella del Choike.
Un choike es un ñandú pequeño, de plumas pardas, que al pisar deja cuatro puntos sobre el piso, las  marcas de sus uñitas.
La cruz o la Huella del choike es una constelación muy importante, pues sirve para dar con el polo sur celeste. El palo mayor lo señala, a unos dos puños de la estrella más notoria, Alfa.
He aquí una de las tantas curiosidades que nos regala la astronomía: El polo sur está arriba nuestro, en el cielo, y no debajo, como usual se muestra en los mapas y globos terráqueos que vemos en los colegios. El hecho de que se enseñen los polos invertidos responde al dominio intelectual a que los países del norte nos someten. Si quieres ser un poco más libre recuerda esto: el polo sur está arriba, lo señala la Cruz o la Huella del Choike. Es el polo norte el que está abajo, mirando desde Chabás.
Los viajeros españoles y portugueses, quienes arribaron en el siglo XVI al Río de la Plata, fueron quienes llamaron Cruz a nuestra constelación. Te cuento la leyenda americana:

Había en la tribu un cazador joven y capaz que se jactaba demasiado de serlo. Los abuelos le decían: “Muchacho, ten modestia, no todo animal puede ser cazado”. Pero el joven hacía oídos sordos.
Una mañana, el muchacho se hallaba en el campo; allí vio el choike más bello y más grande que hombre alguno viera jamás. De inmediato comenzó a perseguirlo para arrojarle sus boleadoras, que entonces eran dos piedras unidas por un tiento de cuero. “¡Ya verás, no escaparás a mi tiro!”, pensaba.
El choike era inmenso porque en realidad se trataba del Dios de los Choikes, el padre o la madre de todos ellos. Huía sin esforzarse, esperando que el joven se hartara de tanta carrera. Pero nuestro personaje no aflojaba. Más corría el Dios, más corría el cazador.
Llegada la tarde, cuando el cielo oscurecía y las primeras estrellas comenzaban a brillar, el cazador sintió que sus fuerzas lo abandonaban. En un último intento arrojó sus boleadoras con fuerza.
Por poco logra enredar al ave, pero el Dios Choike pisó en el cielo y voló a las estrellas, donde escapó para siempre.
El joven quedó burlado y sorprendido, mirando la huella que el Choike dejara en el cielo, esos cuatro puntos de luz: La huella del Choike.
Para enseñanza de los jóvenes, las boleadoras del cazador quedaron clavadas en el firmamento, como símbolo de la soberbia humana. Son las dos estrellas muy brillantes que ves en la noche apuntando hacia la cruz. Ahora se les llama El Puntero y sus estrellas, según brillo: Rigil kentauro y Hadar kentauro.
Así es la astronomía, un camino lleno de ciencia y belleza, y también de andares antiguos reflejados en leyendas como esta.

para los amigos de voces del sur
Con admiración y cariño

Sergio

miércoles, 1 de agosto de 2012

La Vía Láctea tiene un agujero que da jabón


 La Vía Láctea tiene un agujero que da jabón
o...

AGUJEROS NEGROS, PANTANOS DEL COSMOS

EL OBSERVADOR DEL CIELO
Por Sergio Galarza
sergiogalarza62@gmail.com

La astronomía interesa a chicos y grandes por igual. Todos quieren meter el ojo a un ocular y observar la Luna, Saturno o una nube de polvo cósmico como la de Orión o Carina, verdaderos úteros galácticos diseminados en los brazos de la galaxia donde nacen las estrellas en puñados de mil.
Bien entrado el siglo XX, aún creíamos que las estrellas se repartían por igual, allí dónde miráramos. Pero la realidad es otra. Las estrellas se apiñan en el centro de la Galaxia, en la región del Sagitario, justo sobre nosotros y detrás del Escorpión, durante el invierno argentino.
Sagitario se sitúa en esa región blanca y brillante que llamamos Vía Láctea o Camino de Leche. El brillo es fulgor lejano de miles de millones de soles que, desde el corazón mismo de la espiral, nos llega a través de la distancia y el tiempo.
Las estrellas que forman la galaxia están en movimiento, giran alrededor del núcleo, le damos una vuelta cada 250.000 años.
¡Vaya, qué cifra! La especie humana apenas ha girado unas pocas vueltas.

Fabriquemos una galaxia
Para jugar y aprender, te invito a fabricar una galaxia espiral como la nuestra. Si tenés una pileta de lavar, podés hacerlo.
Colocás un tapón con cadenita al desagüe. Llenás la pileta y esparcís jabón de lavar en polvo sobre la superficie. Debés usar el jabón de los lavarropas comunes, el de los automáticos no sirve pues no genera espuma. Ahora, remové el agua para que se forme bastante, que quede todo lleno de pompas. ¿Listo?
Sacá el tapón del drenaje; verás cómo el agua se arremolina para escapar y la espuma forma una espiral antes de desaparecer por el agujero.
Así es nuestra galaxia, una espiral de jabón girando en el espacio.
Tal vez te preguntes entonces, ¿qué drenaje se lleva el jabón de nuestras estrellas?
Lo sabemos: quien tira de nuestras estrellas haciéndolas girar en forma de espiral es la gravedad de un “agujero negro” que se halla en nuestro núcleo galáctico.
Un agujero negro es un objeto muy curioso, capaz de chuparse todo lo que pasó, como dice León.
En estos cuerpos, la materia cae sin remedio ni posibilidad de escape, casi. Los científicos les llaman “singularidad”, porque allí todo es único o singular.
Los agujeros negros nacen cuando una estrella muy, muy grande, se apaga. Al hacerlo, el peso de los gases que la forman la derrumba hasta un punto inimaginable. Un punto tan, tan profundo, dentro del mismo espacio, desde el cual ya nada puede escapar, ni siquiera la luz emitida por ese astro moribundo. Por eso se les dice “negros”, porque no emiten luz.
En el momento en que un agujero negro nace, todo a su alrededor comienza a ser atraído por esa caída, por la gravedad infinita de ese nuevo ser.
Durante años los hombres de ciencia se han dedicado a estudiar estos pantanos del cosmos. El más conocido de ellos es Stephen Hawkins, el científico postrado sobre una silla de ruedas -sufre una rara enfermedad-, quien en su juventud no lograba terminar la tesis de su doctorado; al fin, eligió estudiar los agujeros negros. La historia es conocida: Stephen se graduó con honores y el mundo científico se volvió loco a raíz de las novedosas teorías que aportó (fue el primero en sugerir que algo, muy poco, escapa de allí). Stephen escribió muchos libros, pero el que lo hizo famoso fue “Breve Historia del Tiempo” y lo encontrarás en la biblioteca de Chabás.
En toda charla, preguntan: ¿se puede viajar a través de un agujero negro? Ocurre que los documentales de TV llenan su espacio con historias desaforadas, estrellas cataclísmicas y agujeros de gusano por los que se viaja al pasado, donde uno se encuentra consigo, joven…  
La ciencia ficción es la más popular de las ciencias, pero, ay, no es tal. Cuando contesto que no podríamos viajar a través de un hoyo negro, puesto que allí no existe la materia tal como la conocemos y el tiempo se detiene, los rostros se opacan, no es lo que esperan o quieren oír.
En verdad, alguna vez, todos anhelamos volver atrás, reparar un mal hecho, recuperar a alguien perdido. Si viajara al pasado y me encontrara conmigo, me diría: Sergio, serás feliz, serás padre, maestro y al fin abuelo, así que ¡vive contento! Vos, ¿qué te dirías?